Víctor o los niños al poder, de Roger Vitrac (Teatro)



Por Ariana Perez Artaso.

¿Recuerdan ese día, entre la niñez y la pubertad, en el que decidieron decirle chau a la infancia y pasar a ser adultos, de una vez y para siempre? ¿No? Está bien, yo tampoco (menos mal). Pero Víctor –el de Vitrac- no tuvo tanta suerte. Todo lo contrario. En la fecha exacta en la que el calendario le marcó los nueve años, su atormentada mente de nene rodeado de secretos hizo crack: la hecatombe de los grandes eclosionó en su cuerpo nuevecito antes de alcanzar su primera y trunca década.

En código absurdo y surrealista, difícil de seguir de a momentos (no estamos acostumbrados, aceptémoslo, a este tipo de relatos), la obra de Roger Vitrac metaforiza con sus extraños y burgueses personajes el nefasto resultado que lo no dicho, lo que se esconde, puede generar en las personas, especialmente en las de corta edad. 

Víctor es precoz en altura y palabra; un prodigio. Él lo sabe, todos lo dicen. La hipocresía, la mirada puesta en otro lado y los engaños exhibidos sin más lo convirtieron en un nene que habla como adulto y loco, de forma alternada. Sabe manipular porque aprende con facilidad: es permeable a su entorno hasta traspasar los límites de lo soportable. Tanto es así que en la noche de su cumpleaños sabe que va a morir, llevándose con él la posibilidad de juego que queda en su decadente casa de hijo único, amado, pero temido.

Ambientada en París a comienzos del siglo XX, Víctor o los niños al poder está cargada de personajes-símbolos de lo más insoportables: un padre hipócrita que intenta escribir sus leyes mientras las contradice con sus actos; una madre que prefiere no enterarse; un militar que mira con demasiado cariño a los infantes; un loco suicida; una flatulenta dama (¿?) de la alta sociedad; una sirvienta atormentada por un chico; y dos chicos atormentados por lo que les pasa y lo que no. El sentido final de cada uno lo define quien se sienta del otro lado del escenario.

La obra que hoy dirige Lorenzo Quinteros fue también dirigida por Artaud (con quien Vitrac y Aron fundaron la sala teatral Alfred-Jarry), allá por 1928, dato no menor que la señala –cuanto menos- como una pieza histórica que trasciende las épocas y llega hasta la calle Corrientes de 2013 con la fuerza de esas cosas que hay que salir a ver sin demasiadas cuadraturas. Si vos no lo hiciste todavía y te quedaste con ganas, tomá envión porque baja de cartel este sábado.

Cuándo: sábado a las 22:15.
Dónde: Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543).
Cuánto: 100 pesos.

Ficha técnico-artística
Elenco: Eduardo Calvo, Alejo García Pintos, Carolina Adamovsky, Daniela Catz, Jorge Paccini, Romina Moretto, Hilario Quinteros, Gabriel Lima y Julia Tapia. 
Asistente de dirección: Charly Di Gerónimo, Julieta Biagioni.
Diseño de iluminación: Claudio Del Bianco.
Asistente de iluminación: Verónica Lanza.
Escenografía y vestuario: Víctor.
Realizador de escenografía: Mauro Petrillo.         
Producción ejecutiva: Charly Di Gerónimo, Julieta Biagioni, Romina Moretto.
Música original: Eduardo Felenbok.
Maquillaje: Silvina Roccisano.
Fotografía: Sol Janik.
Diseño Gráfico: Oxígeno Gráfico de E. Lanfranchi.
Dirección: Lorenzo Quinteros.