El diario de Yoko, de Jimena Repetto (Literatura+Agenda)

Junio


Las chicas de la peluquería de enfrente dicen que vieron todo, que los sábados se está tranquilo, pero de repente se escuchó un golpe, ¡bruuuum!, y se empezó a juntar gente. La perra chocó contra un auto rojo y cayó al pedacito de calle que quedaba entre las ruedas y el cordón. No estuvo mucho. Habrán sido diez minutos. Quedó toda aplastada. Abría y cerraba la boca. Le salía sangre. 

“Diez minutos”, insisten. Diez minutos es una eternidad, pienso.

—La gente se juntaba, pero una no sabía a quién llamar. ¿A quién se llama? —me pregunta la colorista—, ¿al 911?

El relato sigue así: la gente tocaba timbre pero no había nadie. Tardó más en salir el encargado de lo que tardó en morir la perra. El auto se fue. La gente siguió su camino. El encargado apareció medio borracho. La vio y la dejó en la vereda. Un chico del edificio de enfrente fue a buscar la bolsa. Se la dieron los de la vinería. Puso a la perra adentro y dejó la nota.

—¿Viste la nota, no? —interviene la peinadora que sostiene media docena de horquillas con los labios. 

Les pregunto si saben quién es el chico, si puedo contactarlo para agradecerle. La peinadora dice que no, que es uno de la cuadra. La colorista señala con el pincel el recorrido que hizo mientras agonizaba la perra: “Iba y venía, se fijaba si respiraba. Creo que era veterinario o algo”.

—Así el golpe, ¡bruuuum! —repiten. 

La charla se entrecorta. Me llegan frases sueltas de una conversación que te involucra. “¿Y cómo vas a pensar que puede pasar eso?”. “Te entiendo porque tengo tres perros y son mis hijos.” “¿Por qué te cortaste el pelo, que largo me quedaba tan lindo?” Y yo repito en silencio: “No, no sufrió mucho. Diez minutos.”. Diez minutos de huesos rotos. Diez minutos del último aire de la tarde. Diez minutos en los que vos te ibas y yo no estaba.

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se presenta este jueves a las 20:00 en G104 (Gascón 104).