Revista Lucarna

Una Mirada sobre las artes emergentes

Poesía + Fotos para todos los gustos

Se pueden leer, pero también mirar

Libros para leer en otoño

En la arena, el pasto... o el asiento del colectivo

Usted Está Aquí, de Natalia Chami y Romina Bulacio Sak

Entrevista a las creadoras de esta impredecible experiencia teatral

Lunas Cautivas – Historias de poetas presas, de Marcia Paradiso

Documental sobre tres mujeres, tres historias y un penal

La Denuncia, de Rafael Bruza (Teatro)



Por Victoria Cestau.

En estos tiempos que corren, difíciles para las mujeres; en estos tiempos que galopan y se acrecientan cada vez más la diferencias sociales, el teatro vuelve a cumplir con su misión más importante. La crítica social que permite un teatro popular se hace evidente. Los temas actuales son tratados con sensibilidad y humor. Máximo desafío. La Denuncia es una extraordinaria pieza escrita por Rafael Bruza, dirigida por el maravilloso Claudio Martínez Bel, nominado como mejor director a los Premios Trinidad Guevara y protagonizada por cuatro actores que nos dejan boquiabiertos. Esta obra se circunscribe a principios del S XX, en medio de la desolada pampa argentina, un pueblito remoto llamado Las Flores, nos aguarda con una historia absurda y cruda al mismo tiempo.

Un escenario despejado, al fondo vemos parte del vestuario: pelucas extravagantes sobre maniquíes, máscaras, objetos antiguos, que detrás de una cortina transparente nos dejan entre ver cómo los actores juegan a ser otros y otras. Una máquina de escribir sobre el escritorio de la comisaria recibe la denuncia de una mujer acusando a su ex marido de abusar de ella y de sus dos hijas. El sargento y el comisario se presentan bajo medias máscaras, nos narran a medida que van escribiendo la denuncia todos los detalles de esta historia. Mezcla de absurdo y comedia del arte criolla, los actores irán encarnando distintos personajes. 


El arte del actor popular se hace evidente. Esta obra es una clase magistral sobre el uso de las medias máscaras. Los actores habitan cada personaje desde el cuerpo, y desde allí una voz nace. Voces que recorren mundos internos, proponiendo un sinfín de recursos técnicos utilizados en la máscara neutra, el clown, el bufón y la comedia del arte. Todas metodologías de actuación popular donde se incluye la mirada a público. Los recursos escénicos, objetos, vestuarios, iluminación, música, baile y canto son los justos y necesarios para transportarnos a un mudo lejano pero también familiar. 

En estos tiempos que corren, que se parecen bastantes a aquellos otros tiempos del siglo pasado, las mismas preguntas vuelven a resurgir una y otra vez. Y ante tanta incertidumbre nos conmueve siempre lo mismo, el amor. 

Este excelente trabajo artístico logra muchas cosas. Admirar a nuestros talentosos actores, las cuatro actuaciones son magistrales, valorar a los autores nacionales, el texto combina poesía, historia y humor. Claramente el trabajo de dirección tiene una mirada aguda y sensible, no sólo de un gran director y docente, sino también de un gran actor que sabe jugar en escena. La iluminación, el vestuario y los objetos terminan de componer este universo criollo, lleno de identidades nacionales. 


Las palabras de Bajtín se vuelven iluminadoras al evidenciar el poder y el alcance de la risa. Reír de forma reflexiva. La alegría como herramienta de lucha y resistencia ante contextos difíciles:

"La verdadera risa, ambivalente y universal, no excluye lo serio, sino que lo purifica y lo completa. Lo purifica de dogmatismo, de unilateralidad, de esclerosis, de fanatismo y espíritu categórico, del miedo y la intimidación, del didactismo, de la ingenuidad y de las ilusiones, de la nefasta fijación a un único nivel, y del agotamiento. La risa impide a lo serio la fijación, y su aislamiento con respecto a la integridad ambivalente. Estas son las funciones generales de la risa en la evolución histórica de la cultura y la literatura." (La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de Francois Rabelais. p:112)


Funciones: miércoles a las 20:00hs
Teatro del Pueblo 
Av. Pres. Roque Sáenz Peña 943, CABA
Reservas: 4326-3606 - 
Entrada general  $200 / Jubilados y Estudiantes $170


Ficha técnico artística:

Autoría: Rafael Bruza
Actúan: Federico Cesere, Marcelo Mazzarello, Gastón Ricaud, Marcelo Xicarts
Voz en Off: Claudio Rissi
Pelucas: Gabriela A. Fernández
Diseño de máscaras: Gabriela A. Fernández
Diseño de vestuario: Gabriela A. Fernández
Diseño de escenografía: Gabriela A. Fernández
Diseño de luces: Pablo Alfieri
Realización de vestuario: Marta Dieguez
Realización de pelucas: Gabriela Guastavino
Realización de máscaras: Guillermina Guardia, Alfredo  Iriarte
Edición de sonido: Adolfo Smith
Música original: Esteban Ruiz Barrea
Fotografía: Paco Fernández Sánchez
Diseño gráfico: Paco Fernández Sánchez
Asistencia de escenografía: Estefanía Bonessa
Asistencia de vestuario: Carola correa, Luna Rosato
Asistente de producción: Florencia Orce
Asistencia de dirección: Florencia Orce
Prensa: Tehagolaprensa
Producción general: Gastón Caminotti
Dirección general: Claudio Martinez Bel
Este espectáculo formó parte del evento: Semana del teatro independiente

Estación Ámbar, de Marcelo Borrelo y Micaela Cortina (Agenda)



Estación ámbar es un unipersonal interpretado por Micaela Cortina con co-dirección de Marina Tamar. La actriz desarrolla varios personajes que nos llevan a navegar por distintas historias en la estación de un tren. Fresca, misteriosa, versátil una mujer son varias, lo cotidiano se vuelve poesía. Una canción, una estación para disfrutar con todos los sentidos.

Ámbar tiene su vida prendida de su mano, en su valija, en los papeles de sus bolsillos, bajo su paraguas. Su existencia se construye de fragmentos, pequeños viajes y fugaces encuentros. Ámbar se reconoce a partir de los otros, nosotros, esos otros a los que necesita para sentir que existe. Parafraseando a García Márquez: La vida no es lo que uno ha vivido sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda para contarlo.


Viernes de febrero y marzo a las 21 hrs
Chacabuco 917. San Telmo

Ficha Técnica.

Actúa: Micaela Cortina
Asiste: Mechi Landó
Dirige: Marina Tamar

Sobre textos de Clarice Lispector

Niño Costrini, de Sebastián Costrini (Teatro)


Por Victoria Cestau.

El II Festival Internacional de Circo Independiente, llevado a cabo en El Galpón de Guevara, que se desarrolló del 24 al 27 de noviembre, presentó espectáculos de compañías internacionales de Alemania, Bélgica, España, además de incluir obras y artistas nacionales. Seis espectáculos combinaron humor, vértigo, performance, teatro físico, audiovisuales, acrobacias y plástica. 

En esta oportunidad tuvimos la posibilidad de asistir a Niño Costrini un unipersonal argentino del artista Sebastián Costrini, quien despliega, en una hora y cuarto, todo su potencial y talento. Comúnmente se olvida que los artistas populares, que transitan circos, teatros, galpones, calles y distintos espacios, suelen tener uno de los desarrollos artísticos más completos dentro del campo de las artes escénicas. Costrini combina humor, clown, malabares y música, además del infaltable contacto con el público, donde la cuarta pared se derriba para integrarnos a su show que reúne un eclecticismo de técnicas además de pasajes poéticos y sensibles.


El despliegue de típicos personajes de circo (faquir, bailarín, malabarista, acróbata y payaso) recorren en tono de comedia todos los estereotipos. Presenta en pequeños números una varieté en la que el actor juega a ser todos ellos, y allí demuestra sus múltiples habilidades. Uno de los aspectos que se destacan es el humor que que se combina con un contenido profundo, así, nos reímos al tiempo que reflexionamos. El humor desarrollado con calidad estética genera preguntas profundas: ¿de qué nos reímos? ¿Por qué? El artista deja nos cuestiona acerca de estos y otros temas, como la relación del hombre con la tecnología, el vínculo con los niños, el impacto de la modernidad en nuestras vidas cotidianas. 



En este marco, el clown aparece como un gesto sutil y onírico, una pequeña nariz roja sale de una cajita después de haber visto todos sus números…el artista virtuoso y multifacético convertido en clown se detiene y nos mira con ojos grandes, vulnerables y trasparentes. El público respira, deja de reír, el tiempo se suspende después de tantos aplausos…el circo y el teatro nos vuelven a demostrar que la risa y el llanto van de la mano. 

Ficha Técnica:

Idea Original: Sebastián Guz
Producción internacional: Pierpaolo Olcese
Coordinación: El Galpón de Guevara y MIGRA
Dirección general: Leticia Vetrano

II Festival Internacional de Circo Independiente (Agenda)



Del 24 al 27 de noviembre se presentará, para toda la familia, el II Festival Internacional de Circo Independiente, en El Galpón de Guevara. 

Compañías internacionales de Alemania, Bélgica, España y Argentina se reúnen en esta segunda edición de ciclo de circo independiente que, siendo fiel a la característica nómade del mismo, recorren el mundo compartiendo la magia de sus obras. Esta vez, Leticia Vetrano será la encargada de dirigir este Festival, ideado por El Galpón de Guevara y MIGRA.

Seis espectáculos que combinan humor, acción, performance física, imágenes audiovisuales, lenguaje corporal, acrobacias, plástica, texto, ritmo, silencio y uso de materiales variados. Dentro de una sala, el público contempla lo efímero, el riesgo, el nomadismo, se emociona y se convierte en parte del show. Este festival es un paseo alrededor del circo y su estilo de vida, su filosofía, sus formas, el esfuerzo físico y las emociones.

AGENDA:

Estreno: jueves 24 de noviembre, 21:00 hs.

Funciones: 
* jueves 24/11, 21 hs.: Solo Due, de Les Argonautes (BÉLGICA)
Duración: 60 min. Público: ATP.

* viernes 25/11, 21 hs.: Droop, de Compagnie du Cardage (  ALEMANIA)
Duración: 30 min. Público: ATP.

* viernes 25/11, 22 hs.: Just a Ride, de La Bastarda Company (ALEMANIA - FRANCIA)
Duración: 30 min. Público: ATP.

* viernes 25/11, 23 hs.: Molavin, de Cia. Tato Villanueva (ARGENTINA)
Duración:  45 min. Público: ATP. Entrada: A la gorra.

* sábado 26/11, 23 hs.: Los Santos, de Los Santos ( ESPAÑA)
Duración: 60 min. Público: ATP.

* domingo 27/11, 19 hs.: Niño Costrini, de Niño Costrini (ARGENTINA)
Duración: 60 min. Público: ATP. Entrada: A la gorra.

* domingo 27/11, 21 hs.: Varieté de cierre.
Duración:  50 min. Público: ATP. Entrada: A la gorra.

Teatro: El Galpón de Guevara 
Dirección: Guevara 326, Chacarita
Reservas: 4554 9877 


Entrada: $200 / combo dos obras: $300 / combo tres obras: $360
(Droop y Just a Ride van juntos en una sola entrada)

Automartin 3D, de Sonsoles Romero y Martín Duarte (Audivisual + Música)



Por Victoria Cestau.

Los bordes se difuminan, las disciplinas artísticas se entrecruzan y emergen nuevas creaciones. Este es el caso de la propuesta conformada por el dúo Sonsoles Romero y Martín Duarte, que el 30 de octubre en el auditorio Marte de Palermo presentó su nueva creación: Automartin 3D el primer show audiovisual LIVE 3D. 

La propuesta fusiona, música electrónica, animaciones y videoarte en vivo, integrando anteojos 3D para que el espectador viva una experiencia distinta. El show es una intensa vivencia de estímulos audiovisuales: las transformaciones se producen a través de sonidos e imágenes de muy buena calidad y la yuxtaposición como técnica permite reconfigurar las imágenes y convertirlas en otra cosa. Así, se resignifica el sentido de la vista y del oído componiendo a los ojos del espectador caleidoscopios multicolores. 



Esta propuesta exploratoria también presenta una nueva situación para el espectador que libremente pasea por una gran sala pudiendo elegir distintos puntos de vista desde donde colocarse, recurso que el teatro experimental a menudo ya ha planteado y que en este show está presente gratamente. 

La presencia de los dj´s hace del espectáculo una pieza en vivo, la improvisación fluye como herramienta técnica y es un eje fundamental que el dúo sabe manejar. La edición de los videos es para destacar ya que el montaje visual presenta historias pequeñas como sueños que van entretejiendo un relato típicamente postmodernista. El trabajo sobre los elementos de la naturaleza (agua, tierra, fuego y aire) es claro y explícito, y deja entrever una sensibilidad por la belleza de la naturaleza así como también el toque tecnológico que lo ancla en la actualidad. 


  
Este sábado 12 de noviembre Automartin 3D ha sido invitado a participar en el ciclo Escuchar Club, organizado por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Es una oportunidad más para acercarse a esta propuesta artísitca. 



Sábado 12 de noviembre, dos sesiones: 20:00 y 20:40 hs
Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, San Juan 350
Entrada al Museo: $20.-
Curadores: Jorge Haro y Leandro Frias


El bululú, de Leticia Gonzalez De Lellis y Osqui Guzmán (Teatro-Entrevista con Guzmán)



Se cuenta desde la página de Timbre 4 que El Bululú era un unipersonal interpretado por el actor español José María Vilches que se convirtió en un éxito en los '70. “Una grabación de ese espectáculo (…) llegó a Osqui Guzmán cuando empezaba a estudiar teatro. A 25 años de la trágica muerte de Vilches [los autores] presentan esta versión renovada del recordado y querido Bululú, recreándolo en la mezcla de las culturas española, la patria de Vilches, argentina, la patria de Osqui, y boliviana, la patria de sus padres”.

Revista Lucarna se reunió con Guzmán para que nos cuente sobre las 10 temporadas que ya lleva el espectáculo, cómo sus raíces se mezclan en él y algunos aspectos de la forma en la que se hace dramaturgia en Argentina hoy.

Revista Lucarna: En la obra hay una fuerte presencia de la cultura boliviana, ¿cómo fue el proceso de su inclusión en el relato y puesta?
Osqui Guzmán: Hay diferentes puntos de vista donde lo boliviano aparece. Por un lado, está presente todo lo que mis padres tenían como mandatos y que me transmitieron. Mis padres querían que fuera una persona respetada, respetable, que me pudiera valer por mí mismo, por eso tenía que tener un estudio, un título. Y lo hice, pero sin seguir sus reglas.
  
 
En mi familia, los padres llevan el mandato, especialmente la madre. La boliviana es una sociedad de matriarcado. La mujer hace y deshace, es la que le dice al hombre 'sé valiente'. Pero en mi caso esto no fue así. No por rebeldía, sino por descubrimiento, al anotarme –por accidente- en el conservatorio de arte dramático. Mi viejo dejó de hablarme por eso, obligándome, de alguna manera, a ser responsable de mi decisión. Y me metí a fondo con el teatro. Empecé a actuar enseguida y conocí el material de José María Vilches.


Un bululú era un comediante que andaba, solo, por los pueblos representando a los personajes de una comedia, entremeses, poemas y canciones.

Una vez me encontré con un grupo de bolivianos que me preguntó 'cómo hiciste para insertarte en el medio' y mi respuesta fue esa: saliéndome de los mandatos, manteniendo la cultura. Porque el 'ser boliviano' no se va a perder nunca, está en la forma de ser. Para el andino, ser es todo. Yo lo descubrí con el teatro, cuando éste empezó a ensañarme a mirar mis costumbres. Por el teatro amé mis raíces.

Hay un verso de Tao Tse King que dice 'continuar es avanzar, avanzar es regresar'. Lo boliviano está en eso. En el principio hago un lazo concreto con mi familia que se deshace a lo largo del espectáculo y vuelve a enlazarse en el final. En ese recorrido hay algo de circular que tiene que ver con lo andino también. El andino va y viene entre la tierra y él. Es un círculo que construye toda su vida.

Leticia Gonzales de Lelis, productora y mi mujer, cuando empezamos a trabajar sobre el espectáculo me decía 'acordate que vos recitabas estos poemas mientras cosías a máquina con tu mamá; acordate de lo boliviano, de lo que te decía tu viejo", y así fui enlazando. Su distancia me ayudó a encontrar mi relación con mis padres para construirlas con un sentido dramático. Sin su aporte, no hubiera podido ver que eso era algo realmente valioso.

Otra cosa en El bululú que es inevitable para mí es el sentido del trabajador. Mi mamá de chico me decía 'te ganarás la plata con el sudor de tu frente' y cuando vio la obra, lo primero que le gustó fue que yo transpiraba y la gente aplaudía de pie. Decía 'no le debés nada a nadie, con tu sudor te ganás el pan'. Eso es maravilloso para alguien que se acerca al teatro por su hijo. Mi familia nunca había ido al teatro y no lo hace si no es para ir a verme. Es extraña la relación que tuvimos que crear, esa mixtura que arrancó desde el pensamiento. 

RL: ¿Qué elementos escénicos tomaste de la cultura boliviana?
OG: El traje que tengo al principio y final es de Lucifer, de la diablada del carnaval. Lo compré en La Paz, pero creo que es de Oruro. El diablo tenía que estar. Mi viejo me contaba que de chico terminaba la escuela y se iba a los carnavales a coser trajes de la diablada con hilos de oro y que, además, peleó con el diablo cuerpo a cuerpo.

Y mi mamá cuenta que, estando en la iglesia con mis tías, se le apareció una señora golpeando con un látigo la pared. Llamaron a una monjita y ésta rezó, la mujer se arrodilló, le salieron unos cuernos y desapareció. Mi vieja jugaba con los duendes. Mi tío volvía de noche silbando para ahuyentar a los fantasmas. Una noche se olvidó de hacerlo y algo se le subió arriba. Pensó que era el perro, pero no. Cuando escuchó un ruido en el patio y miró, vio un fantasma. Al día siguiente fue a llamar a su sobrinito y se enteró que se había muerto. Historias así podés escuchar una atrás de la otra en mi familia y algo de todo eso nutre también a El bululú

De ahí el título 'Antología endiablada': la obra está cruzada por el diablo. Y es inevitable. Hay momentos que va todo a una velocidad tal que si no fuera el diablo el que me cuida, no sé cómo lo haría.

Al diablo en Bolivia se lo adora, se le pide que te cuide, que te haga trabajar, que no te moleste, que te ayude a encontrar estaño, plata. Por eso, empezar con el diablo para mí era importante. No tiene que ver con creer, sino con hacer. Se trata de un momento único. El teatro vive del momento. No es necesario creer, pero sí tener que creer.

RL: ¿Por qué no hay tanto actor/autor boliviano en la escena porteña?
OG: El boliviano tiene mucha tradición musical. Todos tocan algún instrumento, bailan o cantan sin vergüenza. Pero la tradición de ir al teatro no está tan arraigada. 

Bolivia tiene el mismo mal que el resto de Latinoamérica (menos nosotros, que vivimos en una burbuja de ficción): el teatro no se sostiene durante el año, nadie vive de él como acá. Eso nos genera una relación con el oficio de ser actor. Es algo que se arrastra. 

Nosotros tenemos 10 mandamientos; el andino tiene tres: no robes, no mates, no seas flojo. Los bolivianos son duros, resisten. No tienen miedo ni sienten vergüenza de hacer el trabajo duro. Para mí es la América profunda, esa que encontraron los colonizadores y que el progreso no corrompió. Ellos son la tierra, el mundo, las montañas, el cielo y sus frutas. 

RL: ¿Cuál es la razón por la que la dramaturgia local presenta escasos personajes bolivianos?
OG: Lo desconozco. Sí creo que hay un problema con la dramaturgia en su evolución. Los escritores de teatro están buscando en ellos qué contar. El oficio del dramaturgo que miraba, escuchaba y veía se pierde cada vez más. Muchos se construyen haciendo sus obras con los actores. Y si no hay un boliviano en el elenco, no va a haber nunca un personaje de esa nacionalidad; nadie va a escribirlo. 

El dramaturgo de antes miraba su época y -como el fotógrafo o el pintor-, la retrataba. Eso se perdió, no existe ese oficio, salvo en contados casos como Perinelli o Kartún.

RL: ¿Qué creés que impulsó esta situación?
OG: Hubo un cambio en la manera de producir dramaturgia. Cuando nació la dramaturgia del actor, el escritor dijo 'soné, cómo hago para amoldarme a esto, para continuar, para que mi oficio crezca, estar  en el círculo de la fiesta y no ser un bicho raro que hace obras que parecen de 1920'. 

Hoy, el dramaturgo escribe sobre sus ideas o sobre las ideas de lo que ve en el ensayo, es complicada la relación. Y si los bolivianos no se meten en el medio, este tipo de producción no los va a incluir nunca.
  
RL: ¿Cómo se transformó la obra en estas 10 temporadas?
OG:
 Mi relación con ella lo hizo. Estrenarla fue un deseo hecho realidad. Cuando aprendí El bulú, no me lo olvidé nunca más, y mi sensación era la de tener un tesoro guardado en la cabeza. Después escribí las partes de mi vida y lo devolví al camino, sintiendo que había cumplido.

Hoy por hoy, soy diferente al que estrenó El Bululú y lo siento en cada uno de los textos, especialmente cuando digo a Lorca. Sus palabras me resuenen diferente, lo que respiro me hace cosas distintas en el cuerpo y siento que por eso el espectador arma una relación nueva.

Algo que nunca solté en la obra es ver a mi viejo al final. Lo veo. Tengo grabado el trajecito gris cachuso que tenía guardado y que se puso cuando me vino a ver al conservatorio. ¡Cómo sonreía y aplaudía! Eso no se va. Hay días que siento resistencia de dejarme llevar y creo que  no lo hago bien. Cuando me dejo llevar me doy cuenta de que no soy yo el que está hablando, es él y me ayuda a mirarlo así. Me hace alejarme de mí también.

RL: ¿Cómo te sentís haciendo un unipersonal?
OG: Siempre miré de reojo al formato: el actor sale a hacer todo lo que sabe, se luce. Me parece raro. Además, es solitario. Pero en El Bululú hay mucho de las personas que trabajaron en él, como Pablo Rotemberg, Gabriela Fernández, Mauricio Dayub. Salgo en representación del equipo al escenario, por eso puedo sostener toda su dinámica.


RL: La obra implica un gran despliegue físico.
OG: Técnicamente me exige y popularmente me eleva. Esas dos cosas son el hallazgo de El Bululú. Lo mejor de la poesía y la dramática hispana puesta al servicio de un sentido popular. Porque, ante todo, El Bululú es popular y demuestra, como ya lo decía Vilches, que lo popular no tiene por qué ser chabacano. El techo es el del artista. 

RL: ¿Cómo fue la experiencia de llevar la obra a Bolivia?
OG: Me quieren hacer llorar. Mi mamá vino a los 15 años y no volvió más a Bolivia. El primero que lo hizo de mi familia nuclear fui yo con El Bululú. Por eso, era mucha la carga. Hice la función y algo colapsó en la gente. Había familiares de mi mamá. Llevaron a sus hijos. Fue muy emocionante. Lo hice en el Teatro Municipal de La Paz para el Festival Internacional del Teatro de La Paz, lleno, todo el mundo llorando, aplaudiendo. Fue muy fuerte el amor de la gente. No estaba solo ese día, estaba con toda mi familia arriba del escenario.


Dónde: Timbre 4, México 3554.
Cuándo: Viernes a las 21:00 y a las 22:30 hasta el 25 de noviembre.
Cuánto: 200p.

Ficha técnico-artística
Autoría: Leticia Gonzalez De Lellis y Osqui Guzmán.
Adaptación: Osqui Guzmán.
Actúan: Osqui Guzmán.
Escenografía: Graciela Galán.
Diseño de vestuario: Gabriela A. Fernández.
Diseño de luces: Graciela Galán.
Música: Javier López Del Carril.
Entrenamiento musical: Javier López Del Carril.
Asistencia de escenografía: Mariela Solari.
Asistencia de dirección: Leticia Gonzalez De Lellis.
Coreografía: Pablo Rotemberg.

Un cine por descubrir. Cortometrajes árabes Parte II (Cine)



Por Mirko Gómez.

Los siguientes, son algunos cortometrajes seleccionados de la sección de “Cortometrajes en competencia” del 6to. Festival de Cine Latino-Árabe, Latinarab que se desarrolló en Buenos Aires el pasado mes de septiembre. Con una abanico de formas y temáticas, el festival es una invitación para adentrarnos en el mundo exótico de un cine casi desconocido para tierras argentinas, ofreciendo una vista general de lo más representativo de la escena actual Árabe.

Ghassra / Ghassra (Túnez, 2016), de Jamil Najjar

Una extensión verde, un ambiente campestre de aparente tranquilidad y un taxista que se permite una parada  técnica en medio de un páramo aparentemente desolado, para hacer pis en un árbol. Todo transcurre con normalidad hasta que un grupo de comitivas irrumpen en este tranquilo lugar.

Cualquier individuo puede sentirse identificado con este personaje, que se cataloga a sí mismo como “ser libre” pero que en realidad, vive bombardeado de información y estímulos, que lo condicionan constantemente en sus decisiones. Las comitivas claramente representan diferentes posiciones políticas y estratos de la sociedad. El político demócrata, hipócrita. Una mujer con aires de estrella de Hollywood, la clase alta -inalcanzable para el protagonista-. El sector más popular, un barrabrava de un equipo de fútbol. Los fanáticos religiosos y la fuerza de seguridad.

Este pobre taxista es agobiado, apabullado por estas fuerzas que lo interpelan y lo someten de la manera más tirana a sus ideologías y fanatismos, alienándolo, hasta transformarlo en un ser muy distante de lo que realmente él es y convertirlo en un delincuente a los ojos de la policía. 



Dry Hot Summers / Veranos sofocantes (Alemania y Egipto, 2015), de Sherif Elbendary

Chofer, siga a ese taxi!

Un día caluroso en la agitada ciudad de El Cairo. Un anciano emprende una aventura a trevés de las calles de la ciudad, buscando los estudios médicos que una joven muchacha –en preparativos de casamiento- se llevó por equivocación del taxi en el que viajaban.

El cortometraje se podría traducir como una comedia de tintes hitchcockianos, con varios de los lugares comunes de este autor, el más claro y visible es el del personaje que por una sucesión de devenires aparentemente azarosos, queda inmerso en un intrincado conflicto. Incluso la bolsa amarilla con sus preciados resultados médicos funciona como Macguffin para terminar uniendo a estos dos personajes tan dispares.

Un filme que habla sobre la soledad de la compañía, los choques generacionales, sus preocupaciones, los modos de relacionarse con el entorno arquitectónico y social de las personas de avanzada edad y la consideración de nuestra sociedad hacia los mayores, realmente tierno y de mucha frescura.



The Wheel / La Rueda (Egipto, 2015) de MennaEkram

Hace mucho que es la misma hora. El tiempo no transcurre, no transcurre porque no existe. 

En este micromundo de dos, la rutina toma las riendas de la relación sumergiendo a una pareja de artistas de circo en una existencia abismal. La luz para ellos parece ser un nuevo espectáculo: La Rueda*.Esto promete avivar el fuego de la relación. 

Tomando como analogía la rueda, elemento que gira sobre sí mismo, este cortometraje muestra cómo será el devenir perpetuo de esta pareja: girar y girar de forma infinita, repitiéndose una y otra vez hasta que esta bocanada de emoción pase y todo se vuelva predecible. Entonces ahí, volverán a ese limbo monótono de su habitación. Hasta que la llama vuelva a arder en nuevo rojo, viva.

*Un antiguo show circense donde una persona tira cuchillos a otra mientras esta da vuelta sujeta a una gran rueda de madera.